Lobo Portugués·Traducciones

Umberto Echoes

Fernando Ribeiro ha publicado una nueva entrada en su blog. A continuación les dejamos el texto traducido al español.


No es gracioso tener que ir a la cama sólo porque ahora la sinusitis controla tu vida. Sé que no es una condición terrible y ni siquiera pienso en la salud privada como si fuera la Ley de Murphy. No obstante, soy un hombre que se molesta terriblemente (y que se vuelve muy molesto) cuando uno no puede hacer sus cosas y cuando sus rutinas se resumen en comer sopa de pollo, flujo nasal, kleenex por todas partes y nauseas persistentes. Como sea, hoy iré al médico y todo será maravilloso al ponerme cortisona en la barbilla y tener que seguir religiosamente las instrucciones del infierno farmacéutico. Eso si quiero sacar las sucias voces de mi cabeza.

Aproveché la oportunidad para coger algunos libros de mi pequeña biblioteca (un mueble azul de IKEA que traje la última vez que me cambié de casa) y con el eco de la extinción resonando en mi mente, creo que no les importará si concluyo mi elogio el día de hoy, antes de que tenga que regresar al escusado con más flemas.

El primer libro, como dicen, no necesita presentación y son unos tontos si nunca lo han leído. Esta novela, El péndulo de Foucault, dio comienzo al género de la novela histórica tal y como lo conocemos hoy y lo popularizó en lugares distantes. Es un best seller como muchos otros libros de Eco y el punto de partida para todos los que lo siguieron, aún aquellos que se sintieron realmente incapaces de recrear una pizca de la tensión de esta historia, profunda y referida. Sí, me refiero a #DanBrown. Aunque nunca he desperdiciado mi tiempo leyendo más que unos pocos capítulos de El Código Da Vinci, sólo por una curiosidad morbosa, le he dicho a todo aquel que he visto con ese libro en la mano en el metro, la playa, lugar de trabajo, baños públicos o en la cocina lo mucho que apesta y el plagio hipócrita que es con respecto al libro original (que merecería tener las copias vendidas de las que goza el libro de Dan). Especialmente cuando Eco no tuvo necesidad de ninguna campaña de marketing, redactores y traductores ocultos en sótanos como si trabajaran en una fórmula nuclear. Libro de mierda, película de mierda, millones de lectores de mierda.

Suficiente de eso. Si bien El péndulo de Foucault es uno de mis libros favoritos de siempre, el segundo libro a la derecha es muy especial para mi. El libro en portugués y brasilero se titula algo así como “Viajando por la irrealidad de lo cotidiano” y si gustan omitir el viejo aspecto de los setentas que tiene el título en el lomo, es simplemente un libro en el que Eco compartió las notas de sus viajes a través de Norteamérica, especialmente los Estados Unidos. No hay como un americano para observar nuestras viejas costumbres en Europa. Y no hay como un europeo (y uno ilustrado) para considerar las diferencias y el día a día de los rituales del nuevo mundo.

Porque exactamente así me sentí cuando en 1999, dieciséis años atrás, aterricé por primera vez en Texas y solicité al transportista en el aeropuerto que me llevara a mí, un virgen en esas tierras, al restaurante más grandioso que conociera en San Antorio, lo cual hizo. Todavía puedo sentirme enfermo pensando en mi apetito de papas a la francesa y anillos de cebolla. Tenía que hacerlo. Si pero fue, y tras docenas de visitas sigue siendo un sentimiento de estar en el nuevo mundo porque Europa no se asemeja a ninguna ciudad o hábito de los Estados Unidos, aunque el mundo ha sido americanizado sin tregua. Sigue sin ser la misma cosa, es sólo un lugar sucedáneo que muchas veces no logra tener sentido, lo cual tiene todo el sentido.

En este libro de viajes, Eco me ayudó a comprender mucho de la mentalidad americana, que no es únicamente sobre consumir o crear las cosas más grandes, sino un maniqueísmo muy propio que se acomoda, como dice Eco en uno de los pasajes más grandiosos del libro, “Blancanieves y el malvado Tiburón sin mandíbulas”. Y en resumen, eso es América. Un país genuinamente hospitalario, donde he conocido algunas de las más agradables, humildes y generosas personas quienes no importa qué guarden armas en sus casas, porque es un derecho inalienable que Dios les concedió.

Al decir que la desaparición de Eco es un signo de destrucción masivo, no estoy bromeando. Desafortunadamente no pudimos tener guardias armados defendiendo su vida como lo hicieron en África con los rinocerontes en peligro de extinción. Pero la extinción, hablando metafóricamente, no es masiva todo el tiempo. Algunas veces hay especímenes únicos que dejan de existir, aunque su imagen perdura en palabras, imágenes, comportamientos y su lugar en el ecosistema. Y ese vacío no puede ser llenado, esa brecha no puede ser cruzada. Sí, he encontrado restaurantes mientras Steve Jobs creó aparatos e invenciones, pero estoy seguro que él no podría haber cortado las tramas y enunciados que Eco sí pudo. Bueno, es como comparar el arco de San Luis con la Capilla Sixtina. Ustedes saben donde estarán mi mente y mi corazón.

Gracias, por cierto, a todos los que siguen y les gusta este nuevo blog. Estoy firme manteniendo la verdad de mis palabras. La próxima, de acuerdo a mis notas, escribiré sobre gatos o sobre el derecho inalienable a estar triste, para mostrarle a esos “optimistas” en Facebook lo muy equivocados que están en su nueva era, con sus casas llenas de luces y estancias para hacer yoga. Sólo esperen y verán. Puede que escriba sobre ambas cosas en un sólo texto.


Fuente original: The Portuguese Wolf

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