Lobo Portugués·Traducciones

Cat People

Tal como había dicho, Fernando Ribeiro escribió sobre los gatos en una nueva entrada de su blog. Aquí les dejamos la traducción al español. #JustoEnLosFeels


Tuve un gato una vez. Su nombre era Cafe au Lait (Café con leche). Quiero decir, he tenido algunos gatos a lo largo del camino, pero este era MI gato. Creo que ustedes entenderán el sentimiento. Lo recogí de un lugar no muy agradable y se suponía que tendría otro dueño, pero él se quedó conmigo desde el momento en que nos miramos a los ojos.

En cierta ocasión escribí, molesto, un post en mi página de artista en FB que no esperaran de mi que posteara fotos de gatos o algo que cobró sentido entonces, cuando traté de expresar mi frustración sobre algo que me había pasado. Bueno, eso quedó en el pasado, enterrado profundamente bajo minutos y kilómetros. Recuerdo haber recibido ciertos reproches de parte de algunos amantes de los gatos que pensaron que yo tenía algo en contra de los gatos y especialmente, en contra de quienes compartían imágenes de gatos. Llegaremos a eso en unos minutos, pero por si fuera necesario, hago la declaración de que no tengo nada en contra de ellos. Y sus comentarios y mensajes fueron como mordidas de gatitos. Sin preocupaciones. Algunas veces soy sólo escéptico sobre ese exagerado amor hacia los gatos. Déjenme contarles por qué.

Mi gato falleció en 2011. Sucedió durante la primavera. Acaba de regresar de un festival en fin de semana y él estaba simplemente ahí, reposando aún con vida, con su dulce energía robada en cosa de pocos días. Como si un espíritu se la hubiera arrebatado y desapareciera justo después, ante mis ojos incrédulos. Lo llevé inmediatamente a un hospital para animales y a partir de ahí dieron comienzo las dos peores semanas de mi vida. Cafe fue puesto en una pequeña jaula y sometido a inyecciones y pequeñas cirugías que lo dejaron aturdido y confundido, pobrecito. Fue dado de alta después de una semana y lo llevé a mi nuevo apartamento, puesto que mi exesposa y yo habíamos tomado caminos separados y yo todavía buscaba un lugar estable al cual pudiera llamar “hogar” de nuevo.

Lo que hice por ese gato durante esa semana bien vale un millón de fotos y bonitas capturas. Yo era prácticamente su enfermero. Mi día comenzaba en la mañana, temprano. Tenía que hervir su comida, dejarla como una nata maloliente y dejarla enfriar. Después, lo tomaba con gentileza del lugar donde reposaba deteriorado para darle un poco de agua, un poco de medicamento y luego su comida. El no podía tragar, por lo que yo tenía que alimentarlo con una jeringuilla a través de un tubo hacia su garganta. Tenía que ser muy cuidadoso para que no hacerlo vomitar. Algunas veces lo hizo, así que tenía que repetir todo el proceso, limpiarlo y alimentarlo de nuevo. Entonces lo dejaba tranquilo y me iba al estudio donde estábamos trabajando en el álbum Alpha Noir / Omega White.

Un día regresé a casa y lo encontré todavía peor, así que paré el trabajo por unos días y le programé otra estancia en el hospital donde lo tratarían con los mejores cuidados posibles. Grandiosa gente. Por tres o cuatro días me dediqué devotamente a ese gato. Me despertaba de noche para ayudarlo a ir al baño, me quedaba hablando con él por horas, caminábamos al balcón para tomar aire fresco. A todo lo que pude hacer nunca se negó. Una noche brincó hacia la cama y mojó las sábanas. Mi “nueva” esposa (quien estuvo ahí todo el tiempo sin importar qué) y yo nos levantamos, lo recogimos, cambiamos la ropa de cama, lo pusimos en su pequeña camita (de donde ya no podría brincar) y lo cuidamos hasta que se durmió. Fue así hasta que un día todo se rompió y nuestra triste rutina nos impactó con una patada de realidad.

Hice lo mejor que pude, Cafe también, el hospital también. Todos. Sobre la amargura o la disputa, hicimos todo para salvarlo. Me encontré con mi exesposa en el hospital. Tenía a Cafe en su transportador y estaba estúpidamente esperanzado. Después de todo, lo había dado todo en esta empresa. Día y noche. Noche y día. Asi que esperamos nuestro turno y llegó el momento de abrir el transportador. Cafe salió emitiendo un sonido débil. apenas podía sostenerse con sus patas, estaba mareado, nervioso y asustado. La veterinaria no estaba impresionada, ella nos dijo: “Tenemos que quedarnos con él otra semana para hacerle estudios de rayos X  y quizá operarlo. Cafe estaba sentado a lado de la laptop de mi exesposa, ambos nos miramos el uno al otro, miramos a Cafe y dijimos: “No, no más. Terminemos con su dolor.”

No puedo describir realmente el sentimiento de tener potestad sobre su vida o muerte. No es algo que podamos aprender en una revista sobre veganos o “yoga para tontos”. Es una pequeña tragedia. Es el aire de la angustia llenando tus pulmones,  causándote mareos en un entorno irreal. Es un “nunca más”. Lo miramos por última vez, él fue dulce y parecía aliviado. Salimos por la puerta sin aliento. Yo me encargué de revisarlo todo en el hospital, pagué la cuenta (casi 3 mil euros), llevé a mi exesposa a su casa y llegué a la mía solo. Empaqué todas las pertenencias de Cafe, sus juguetes, su transportador, sus medicamentos, su camita y lo metí todo en una bolsa grande para la basura. Bajé las escaleras, me dirigí hacia el contenedor de basura y vacié la bolsa ahí. Regresé a casa.Una unión. Una negra siesta.

Cuando regresé a mi vida estaba solo en un vuelo desde Toronto hacia Lisboa, sentado en un asiento para dos cercano a la salida de emergencia. Traía puestas mis gafas para el sol y estaba escuchando algo de música, desafortunadamente no recuerdo qué. Me gustaría acordarme. O quizá no. Acababa de presentarme con Moonspell en un grandioso parque en Toronto, cerca de Little Portugal, donde fuimos las estrellas de la “Semana Portuguesa”. Grandiosos recuerdos, sin embargo. Ahí estuve el doble de ocupado porque mi proyecto de Fado (Amália Hoje) ofreció un concierto también, así que todo fue grandioso. Tocamos en el Sweden Rock y tenían todo a la carta (en serio, ¡hay fiesta buffet!). La vida volvió a la normalidad, excepto por el hecho de la pequeña y cruda muerte de Cafe; una sensación de pérdida que no puedo dejar de cuestionar duramente. Después de todo era sólo un gato, no un ser humano.

Antes de que comiencen a decir que algunas personas merecen menor respeto que cualquier gato y de que yo me vea razonando con ustedes, hablemos de seres humanos. Hablemos de mi hijo Fausto, mi sujeto y ser humano favorito. El nació un año después de la muerte de Cafe. Creo que yo seguía durmiendo con una foto de Cafe sobre a la mesita que está junto a mi cama. Llevaba esa foto conmigo a todos lados, a cada hotel del mundo. Hasta que un día la guardé en una cajita que tengo en mi dormitorio. Ahora ya era padre. Lo que aprendí de todo esto no es sobre el amor hacia los gatos y la histérica propagación online de cualquier tipo de amor y obsesión ad nauseam, más allá de los límites del sentido común. Lo que aprendí es una lección de la vida real. Esa semana en que atendí a Cafe aprendí a hacer cosas que no me había creido capaz de hacer. Estaba creciendo como hombre. Cuando Fausto nació yo era un mejor cuidador. Mucho mejor. Gracias a MI gato. De nuestra trajedia juntos obtuve habilidades que perdudararn siempre. Y enfrentar esa pequeña muerte me permitió poder abrazar, mejor preparado, una nueva vida: El más importante de mis actos. Nuestros actos.

Otra lección es que tenemos el incuestionable derecho a estar tristes, a la tristeza. Pero eso lo dejaré para otro post. Yo nunca he publicado la foto de un gato en internet, ¿o si? No importa. Ya encontré la excusa perfecta.

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Cafe, el adorable gato de Fernando.

Fuente original: The Portuguese Wolf

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