No hay palmaditas en la espalda

Recapitulemos un poco, ¿okay? Tras poco más de una semana de auténtico pandemonio, Moonspell  y su representantes se han enfrascado en pláticas con las promotoras mexicanas (Eyescream Productions, Blu Concerts, ACK Promote y Chamuco. En primer lugar se buscó que los portugueses se presentaran a tocar en todas las ciudades que tenían agendadas en nuestro país con las fechas originales. Si bien esa opción era vista con buenos ojos por las promotoras y los representantes de Moonspell, al final y por respeto a los fans de las demás ciudades incluídas en la gira, se consiguió posponer los conciertos de Guadalajara, Monterrey y el de la Ciudad de México. Desafortunadamente para nuestros compatriotas sureños, el concierto de Mérida si fue anunciado como cancelado por parte de la promotora a cargo (Blu Concerts).

Sí, hemos estado confundidos y con los ánimos bastante trastocados por todo el caos que una promotora brasileña, de cuyo nombre no queremos acordarnos, causó tanto a fans como a la banda. No obstante, estamos en vísperas de conocer las nuevas fechas en que los lobos lusitanos regresarán para cumplir el acuerdo y más que nada, para deleitarnos al tocar integramente sus dos álbumes más icónicos: Wolfheart e Irreligious.

Pero por ahora, ¿quién mejor que Fernando Ribeiro para contarnos sobre este asunto? El Lobo Portugués recibe una de las entradas más emocionales y sinceras que hayamos podido leer, misma que hemos traducido con gusto para todos los hispano parlantes. ¡Ánimo, moonfans! There is no darkness without hope!


Parte 1: Valores familiares

Amigos, tuve una última semana de mierda.

  • Moonspell, mi banda, tuvo que cancelar su “histórico” tour por América Latina.
  • El espacio en el festival en que tocamos en Noruega fue acordado con alguien que no tiene poder para decir “sí o no” a nada respecto a nuestra carrera.
  • Cogí un terrible virus, quizá de mi sobrina o de un niño, que me despertó hace unas noches atrás, que me hizo desmayar en charco de sangre y mierda.

Creo que fue una semana histórica, de cierto modo.

Mi capacidad de asombro y disgusto con sucesos y eventos es algo que realmente no puedo procesar. Mi esposa siempre está diciéndome que le doy un valor demasiado alto a las personas, a las cosas y a las ideas. Todo lo que sé es que no puedo evitarlo aún cuando la ira, la enfermedad y la decepción comienzan a desvanecerse. Se que muy posiblemente ella está en lo correcto y que las cosas, las ideas y especialmente, las personas, son la causa de todo el mal en el mundo, pero siempre he aprendido y llevado en el corazon las lecciones son posibles de aprender y el potencial para cambiar la realidad por medio del pensamiento.

Pienso que la semana inició realmente bien.

Durante este lunes primero de mes, la familia Moonspell se reunió para celebrar el primer cumpleaños de Anaís (hija de Mike y ahijada mía) y todo estuvo estupendo. Nuestros niños jugando juntos, gritando “¡carro!” cuando un automóvil se aproximaba, sus pequeñas peleas, sus abrazos y sus risas.

Ver eso es invaluable. Despues de tantos años juntos, aquí se ven las muestras de éxito. El infortunio de la diarrea y la realidad de espacios desordenados en festivales quizá no hubieran tenido tanta importancia si hubieran ocurrido en días distintos. Y mientras observaba que la fiesta continuaba, estaba felíz, pero también tomando desiciones.

En ese lunes soleado tomé la desición de poner fin al miserablemente producido y agendado tour de Moonspell por América Latina. El retraso de pagos, la falta de cualquier tipo de información técnica y de logística, la absoluta y deshonesta creencia por parte del promotor brasileño de que nos aventaríamos de todas formas, me pegó fuerte, nos pegó fuerte. Pero el factor desicivo fue ver a nuestras familias jugando juntas.

Tal vez este es nuestro mayor logro: El que todos continuemos hablandonos y preocupándonos por los hijos de los otros. Así es en las villas. O en una banda.

Cuando buscamos esta cancelación me percaté que durante los últimos treinta y tantos días pasamos catorce de ellos y nadie estaba seguro de qué es lo que iba a pasar. De si había presentaciones que todavía no habían sido anunciadas ni sacadas a la venta, de que había días de traslado para los que no contábamos con boletos de avión. Querido promotor (él es padre también, me parece): Lo peor que pudiste hacerles a unos padres, como lo somos estos lobos tuyos, es hacerles perder su tiempo.

Desde que nos volvimos padres, el tiempo se volvió algo más. Como sea, nunca le damos la espalda a nuestras peleas. Mi hijo tenía solo 18 días de nacido cuando me tuve que embarcar en una gira por todo un mes. El último hijo de Aires nació mientras él ayudaba a empacar las cosas en el tourbus hace dos años, en Seattle. Ahora más que nunca, nuestra actividad debe rendir fruto y créanme si les digo que los miembros de una banda no son lo que cantan (mercenarios, piratas o jefes vikingos). Nuestra vida personal y código de vida se ha vuelto mucho más que ser una manada de lobos, vigilando y cuidando los unos de los otros, sin tiempo ni espacio para perdedores.

Parte 2: Siendo Trve

El fin de semana que siguió a ese hermoso lunes también fue grandioso. Hicímos dos shows. Uno en Zurich, pequeños shows, el público y el club. Después viajamos a Estocolmo para tocar en el vilmente llamado Stockholm Slaughter con bandas como Draconian, Solstáfir, Archgoat, Gaahl’s Wyrd, Watain y, por supuesto, nuestros muy especiales amigos de Tiamat, entre muchos otros.

Si estaba emocionado por tocar al fin en un festival donde me gustaran la mayor parte de la música y de las bandas (si no es que todas), nada me pudo preparar para la mejor atmósfera que yo haya experimentado en un festival. Comenzamos a tocar en festivales por allá de 1996 y como muchas otras bandas de nuestra generación, tocamos en todos, por muy grande o pequeños que fueran. Algunas experiencias fueron increíbles, otras olvidables. Hemos visto crecer muchos de los festivales, prestando atención en lo que se han convertido y algunas veces eso tiene realmente muy poco que ver con los fans o la música.

Cuando la gente nos pregunta porqué no se hace un show por el XXV aniversario de Moonspell en el Wacken o en el Hellfest, la respuesta es descorazonadoramente simple: Ellos no lo quieren. Punto. Si alguna vez he resentido esa negativa, consdierando la historia que tenemos en los países sede de esos festivales (Alemania y Francia), ya se ha desvanecido y el festival Stockholm Slaughter fue sumamente refrescante para muchos y para mí, ¡ya lo creo!

Es un hecho, Moonspell y cualquier otra banda necesita más a los festivales de lo que los festivales nos necesitan. Habiendo dicho eso, creo que festivales como el sueco han puesto las cosas en perspectiva para mí, me ha dado esperanza y me ha hecho saber, una vez más, a dónde pertenezco musicalmente, personalmente y como miembro de una banda.

Stockholm Slaughter no fue sold out. Estuvo cerca de serlo, pero no se llenó. Sin embargo, me parece que en términos de personas atendiendo a la música sí logró romper records. Dentro de las paredes de Fyhuset, una casa de libertad, las bandas estuvieron hablando unas con otras y las pláticas fueron mucho más que la simples patrañas que se hablan siempre: Presumir qué tan grande tienes el pito o las tetas. Vi a muchos integrantes de otras bandas a lado del escenario, disfrutando de bandas que tomaron caminos distintos, pero que les hablaron desde el corazón. Me detuve un rato para ver a Draconian, miré casi toda la presentación de Solstáfir y a toda la de Tiamat (incluso me subí a cantar The Sleeping Beauty, tema que pertenece a uno de mis álbumes favoritos, Clouds). Por supuesto, también me quedé viendo a Watain, una banda de black metal que siempre he amado y respetado, ahora más que nunca por la vibra a Bathory que logran transmitir y que muchas otras bandas tratan de invocar, fracasando miserablemente.

Estoy seguro de que si Roman, el promotor, hubiera arreglado un trato jugoso que “animara” a la gente, los boletos se hubieran agutado. Pero entiendo totalmente y le agradezco en nombre de todos porque aquello hubiera matado la atmósfera que éste festival convocó desde el mismísimo infierno. Como dice la canción de Manowar: Wimps and posers leave the wall!*

Dentro del backstage, Johan Edlund traía una bolsa de compras. Cuando él comenzó a revolver su interior, como un mago, sacó dos cosas: Una pintura original suya titulada “El rey lagarto” (no sé si ustedes sepan que él es un talentoso pintor) y me la entregó, “como pago por todas las veces que he estado en el escenario con ellos”. Estoy sin palabras. Abrazé a HellSlaugter. El otro obsequió lo descubrí más tarde, durante el transcurso de la noche, mientras hablábamos y bebíamos con Eric de Watain. Él lo porta con orgullo. Se trata de una playera de la vieja escuela, realmente vitage, de Treblinka**. La generosidad de Johan alegró y me hizo sentir orgulloso.

Lizard King

Esta semana fue una mierda y como ejemplo de ello están los nuevos tiempos para la música, donde realmente no se puede ya encontrar a gente auténtica. Vomité y cagué. Así lo hace la escena. Abres Facebook para escribir tus miserablemente likeadas publicaciones, el pan de cada día, y encuentras gente apuñalando por la espalda a viejas bandas, veganos agresivos, tutoriales de maquillaje, conversaciones improvisadas que te dejan entrever pura mierda de las bandas y lo que quieren decir. Es terrible y lo digo en serio. Quizá el Stockholm Slaughter me dio todavía más claridad para ver que el metal o lo que sea que hacemos puede seguir vivo, pero la mayoría está muerto.

Sin divas ni divos, sin límites, sin transmisiones de Instagram y kudos, las bandas estaban ahí de verdad, disfrutando el tiempo juntos y más que nada, la música y lo que esta significaba, fuera lo que fuese.

Quizá no seguimos ultimamente en Instagram. Puede que no les hayamos dicho un “los amamos, chicos” o “los extrañamos” por Facebook. Pero al final de la noche, cuando el sol enemigo clamaba su lugar en su alcoholizadas, drogadas, viejas y desconozidas cabezas, nosotros estábamos abrazándonos y no hubo palmaditas en la espalda.


Glosario Metalero:

* Fernando cita la canción Metal Warriors (Brothers Of Metal Pt. I), perteneciente al álbum The Triumph of Steel de 1992.

** Treblinka fue un campo de exterminio nazi, situado al noreste de Polonia, durante la Segunda Guerra Mundial.

Fuente original: The Portuguese Wolf

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