Reseñas·Traducciones

Full Moon Madness: Un día en la carretera con Moonspell

Después de tres semanas de tensión, finalmente podemos respirar al saber que la historia de Moonspell y México no termina. Como fans, estamos muy agradecidos de que Moonspell, una banda de música por la cual invertimos nuestro tiempo, se esmere en darnos lo mejor y reconocernos donde quiera que estén.

El día de hoy, sábado 27 de mayo, ha salido una foto de Fernando Ribeiro en la página principal de uno de los periódicos más importantes de Portugal, Diário de Notícias. En él se lee una crónica de Pedro Vilela Marques, quien acompañó a la banda previo, durante y después de su presentación en la Feira de Exposições de Aveiro.

Y antes de pasar a la respectiva traducción que preparamos para ustedes, queremos hacer notar que esto es un homenaje que el destino le ha hecho a uno de los fans más especiales que la banda tiene. Y hacemos mención de ello, ya que esta persona ha sido un confidente y pilar moonspellero para su servidora que ha realizado esta traducción: Amigo Joaquim, eres más que el miembro más fiel de la banda, eres un hermano de corazón y ejemplo de lucha.


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Fernando Ribeiro, en los preparativos antes del concierto.  |  Maria João Gala / Global Imágenes

DN conoció en los escenarios de Aveiro a una de las bandas nacionales más conocida allá afuera, que conmemora 25 años. Para probarlos están los viajes por 60 países; Pedro Vilela Marques.

Son más de una decena de carpas de bebidas esparcidas por el pabellón de la Feria de Exposições de Aveiro, pero el tema es que siempre es lo mismo: Sexo. Desde los que prometen “premios a las chicas enseñen más las bubbies” hasta las que adulteran los Blockbuster y los transforman en títulos pornográficos, y las que tienen diseñadas en las paredes mujeres desnudas y en poses de bolita roja. Un ambiente de semana académico –el Entierro– aparentemente indicado para recibir una banda de metal gótico.

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MARIA JOÃO GALA/GLOBAL IMAGENES

Cuando llegamos, había el recelo de que el Eurofestival hubiese robado al público de nuestro concierto. Pero al final, se probó que aún hay mucha gente que mantiene la sanidad mental.” Son ya, las dos de la mañana y Moonspell se prepara para tocar Alma Mater, aquella que anuncian como última canción del concierto que comenzó en la madrugada del 10 de mayo, noche de luna llena, como se puede notar. Comenzamos por el fin, pero a decir verdad, para la banda, el espectáculo ya lleva nueve horas.

Los viajes y la familia

Pasaba poco de las cinco de la tarde del día anterior cuando bajamos de un apretado pasaje de cerca de 20 metros que desemboca en una pequeña sala del edificio del parque de exposiciones. El espacio que en las próximas horas servirá de camerino improvisado para Moonspell. Ahí adentro, Fernando Ribeiro, vocalista y Pedro Paixão, tecladista/guitarrista de la banda, nos reciben a la mitad del soundcheck, en cuanto los elementos de la organización, a cargo de la asociación de estudiantes, aún no comienzan a abastecer la sala. “No tenemos pan integral, solo pan normal ¿está bien así?”, pregunta una joven con miedo. “No hay problema”, responde relajado Fernando Ribeiro. “Lo que se me antoja mejor es una cerveza fría.

Pero no se piense que el resto de la tarde se fue con botellas pasándose de mano en mano. “No tenemos el hábito de ir a los conciertos borrachos. Ya nos pasó, me acuerdo de una historia en Texas cuando tocamos ya muy borrachos, pero, por regla general, no lo hacemos.”, cuenta Fernando Ribeiro mientras se prepara un cigarro. “Todos nosotros somos legalize it”, explica. “Pero también estamos en contra de cualquier dependencia, de alcohol, drogas, o lo que sea”. Son muchas las historias, muchas en el campo del mito, algunas verdaderas, de excesos y destrucción asociadas a bandas de heavy metal. Casi tantas como los estereotipos de que el propio género musical es blanco. Pero aquí no hay relatos de pollitos masacrados o rituales satánicos antes de que todo comience.

Conmemorando 25 años de carrera, Moonspell es una de las bandas portuguesas más conocidas y reconocidas en el extranjero. Para probarlo están los viajes por 60 países de casi todos los continentes –“solo nos falta Oceanía”– y un medio millón de copias vendidas de los once discos que ya editaron. Fama mundial que, por ejemplo, “ya nos obligó a terminar un concierto en Grecia para viajar inmediatamente a Vancouver, donde comenzamos una gira por América del Norte. En el transcurso, con los cambios de horario, llegamos a Canadá a la misma hora de la que habíamos salido de Grecia”, recuerda Mike Gaspar, baterista de la banda. “En los Estados Unidos ya tuvimos viajes en el tour bus de más de 30 horas seguidas, en los que parecía que nos quedábamos locos para llegar a tiempo a los conciertos.” En todo caso son las consecuencias de las “horas de sueño perdidas que nunca más regresaron, están grabadas en el cuerpo: lesiones en las rodillas, en los codos, en los hombros, en la ciática“, enumera Mike, mientras hace ejercicios de calentamiento antes de sentarse detrás de la batería.

Esta semana debió arrancar una gira más por América Latina, gira cancelada en vísperas del concierto de Aveiro. “Tuvo que ser, faltaban 15 días y el promotor aún no tenía ni los vuelos”, explica Fernando Ribeiro. “Pero vamos a volver con un álbum nuevo”, refiriéndose a 1755, trabajo inspirado en el terremoto que arrasó Lisboa y que la banda acaba de grabar. Un vaso medio lleno que se junta a otro punto a favor: más tiempo con la familia. A excepción del guitarrista Ricardo Amorim, todos los miembros de la banda, ya tienen hijos y Fernando es hasta padrino de Anais, la hija de un año de Mike Gaspar.

Casado con Sónia Tavares, vocalista de The Gift, Fernando Ribeiro, se sirve de la red familiar para cuidar de su único hijo de la pareja, Fausto, cuando están los dos de gira. “Estamos juntos menos tiempo de los nos gustaría. En este momento, Sónia esta con The Gift en España y para venir a tocar aquí tuve que dejar a Fausto con un abuelo, en Leiria. Cuando tengo conciertos en la zona de Lisboa, ella se queda con mi madre, en Brandoa, y cuando vamos para el Norte, se queda con mi padre, en Viana do Castelo.”

Una babilonia de culturas

A media tarde, ya en cima del escenario para las afinaciones, los primeros minutos del soundcheck parecen tensos. “Me quedé fregado, decidieron mover la ecualización de mi micrófono, que siempre es la misma”, confesaría el vocalista al final. Acá abajo, no más de veinte personas circulan por el recinto a rellenar las carpas de bebidas. Uno se coloca frente al escenario mientras Fernando ribeiro y Mariangela Demurtas –vocalista italiana de la banda Tristania– ensayan Raven Claws. Tiempo aún para tocar Extinct –con derecho a transmisión directa al Facebook– y Night Eternal. En total, entre músicos, técnicos de luces, de sonido y el road manager, el séquito de Moonspell era constituido por una docena de personas. Una babilonia de culturas, que junta portugueses, luso-americanos –Mike Gaspar- , venezolanos –Aires Pereira, bajista de la banda desde 2003–, una cantante de Sardenha, técnicos brasileños y belgas.

Un grupo restricto al que se junta en ese día Ricardo (S. Amorim), que está escribiendo la biografía de la banda, y un fan –o “fanamigo”, como se define así mismo– especial para la banda. Apenas entran en el camerino, terminando el ensayo general, son recibidos por Joaquim con sonrisas y una bolsa llena de grabaciones piratas de diferentes países, listas para ser autografiadas, que revelan la confianza de quienes ya se conocen desde hace muchos años. “Comencé a seguir a la banda desde el Wolfheart (lanzado en 1995) y desde ahí intento ir a todos los conciertos de Moonspell en Portugal”. Una fidelidad que ni la enfermedad de Crohn (enfermedad inflamatoria crónica del intestino), que lo tiró en la cama de un hospital, consiguió cortar. A los 46 años, Joaquim continúa adelante, y no deja de ir a los conciertos siempre que puede y recuerda en especial el de Guimarães del año pasado, al cual fue con tan solo tres días después de salir del hospital.

En el camino a cenar, Joaquim ocupa el lugar del copiloto en el Mercedes de Fernando Ribeiro y es uno de los primeros en escuchar las canciones con la producción en bruto del nuevo álbum de Moonspell, un trabajo más agresivo que los anteriores y totalmente cantado en portugués. “La idea era esa misma”, reconoce Fernando, “es más old school, quería que se sintiese como si yo estuviera en medio de las ruinas del terremoto”.

Ya sentados a la mesa, Fernando Ribeiro pide salmón y una sopa, cosa que no pasa durante el concierto. Solo después nota que estamos en un restaurante brasileño, donde no hay el más mínimo vestigio de pez. Se conforma con una sopa de legumbres, un pedazo de picaña y una copa de vino. Durante la cena, recuerdan algunos de los conciertos que más los marcaron, “En el Convento do Beato en 1996 o la primera vez que tocamos en México”, uno de los países donde Moonspell vende más, juntamente con Alemania, el mercado de referencia en Europa para las bandas de metal y Escandinavia.

Fernando Ribeiro aprovecha para criticar el coqueluche musical del momento, gran odio de la noche: Salvador Sobral. “No tengo nada en contra del chico, solo no tolero esta idea de que esto es lo mejor que se hace en la música portuguesa, como si no tuviéramos unos  Verdes Anos, una Canção do Engate*, tanta cosa buena.

En modo Moonspell

Faltan pocos minutos para media noche, cuando Moonspell llega al edificio de la feria de exposiciones. En el escenario, una banda de covers toca una canción de Blur para una sala con poco más de una centena de personas. “Si quieren sentir presión vayan allá afuera a ver el ambiente, está deprimente.”, dice Pedro Paixão acabando de entrar al camerino. En el baño de al lado, está Fernando Ribeiro haciendo estiramientos y ejercicios de preparación para el concierto: “Si una cosa aprendí en estos años es que las cosas nunca son tan malas como parecen.”, responde el vocalista, mientras se prepara para vestir unos pantalones de cuero y una camisola de mangas de red con símbolos alusivos al álbum Irreligious, que este año completa 20 años y marcará gran parte del setlist de la noche. “Ahora ya estoy en modo Moonspell”, Falta pintarse los ojos de negro para completar al personaje. En el corredor, Mike Gaspar, de chamarra camuflajeada, salta a la cuerda y hace ejercicios de calentamiento.

Pero, ¿y si la sala no se llena, cómo reaccionará la banda ante el público? “Nosotros tenemos un concepto que está más allá del público”, responde de inmediato Fernando Ribeiro, “Es claro que preferimos tener la sala llena, pero aunque no ocurra, no eso por nos entregamos menos.” Pocos minutos después tuvimos la prueba de eso. Ya con la sala más compuesta de la mesa de sonido hacia adelante, pero toda vía vacía de (gente de) atrás y a los lados, Moonspell subió al escenario a las 12:45 a.m. y atacaron con Opium como si estuvieran tocando en el Wacken Open Air. Una energía que fue contagiando al público aún relativamente amorfo y llamando a los aún dispersos por el recinto. La primera parte del concierto fue dominada por canciones de Irreligious, con pasajes de Wolfheart. Cuando, a media actuación, Moonspell tocó la doble canción Ataegina/Trebaruna, ya el ambiente había dado la vuelta, con muchos saltos en las primeras filas y hasta un mosh recurrente que se mantuvo durante todo el encore, finalizando con el himno Full Moon Madness.

¿No les dije que todo iba a salir bien?” ropa encharcada en sudor –“mi mujer dice que mis camisetas huelen a ratón de panadería después de los conciertos”–, Fernando se recuesta en una silla de plástico con una sonrisa en los labios. Los miembros de la banda van llegando al camerino y se saludan en señal de conquista. Las charlas se balancean entre el presente, con pormenores de la actuación, del pasado, con  recuerdos de las primeras giras internacionales –“¿qué más se puede pedir luego de comenzar en 1996 tocando con nuestra banda favorita, Type O’ Negative?“– hasta llegar a las historias de los hijos.

Al final del pasillo, cerca de una decena de groupies adolescentes de negro se amontonan a la acecha, en la esperanza de conseguir una selfie o un autógrafo. Nos miran con envidia cuando pasamos por ellas. Atrás quedan las últimas palabras de la banda: “Sin censura.” Así es la vida en la carretera.


Glosario Metalero:

Son canciones típicas de Portugal:
Verdes Anos tema del compositor Carlos Paredes Canção de Engate de António Variações.

Fuente original: Diário de Notícias

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2 comentarios sobre “Full Moon Madness: Un día en la carretera con Moonspell

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