Artículos de Opinión·Traducciones

El fuego desnuda

Este fin de semana no fue grato para la nación portuguesa. Quizá algunos se enteraron por los medios de comunicación de la tragedia que vivió Portugal. Moonspell mandó un mensaje de condolencia en sus redes sociales para la ciudad de Pedrógão Grande y las personas que perdieron la vida por un terrible incendio que hasta el día de hoy hay consecuencias.

Una vez más, a través de Jornal de Leiria, Fernando Ribeiro alza la voz y le pide al gobierno portugués un poco más de responsabilidad ante este tipo de catástrofes ‘anuales’. Aquí les presentamos la traducción de este texto.


El fuego desnuda

Llegó el tiempo de que nuestras palabras y pensamientos se llenen de revuelos por lo que sucedió. Nuestros dedos se agitan, apuntan. Nuestras mentes escudriñan respuestas que no tenemos, ni nos van a dar.

Todo es inquietud. En medio de una de sus mayores euforias y picos de autoestima, Portugal falló en lo que es más básico: proteger las vidas de sus ciudadanos.

Hemos tenido meses de pan y circo. Hemos ganado todo lo que interesaba y lo que no. Construimos una Lisboa y un Porto modernos pensando en los turistas. Hemos hecho un Portugal superficial de obras y ciclovías y nos fuimos olvidando del Portugal profundo, de las carreteras nacionales, de los campos, de las pequeñas ciudades y de los pequeños paraísos que ellos ofrecen en la fuga necesaria a la Babilonia urbana.

La estación de fuego comenzó, más cruel que nunca. Se cuentan los muertos, se tratan a los vivos y renacerá poco a poco, en el espíritu solidario, aquel Portugal que a veces olvidamos que es más nuestro que el Portugal que nos pintan de dorado.

Quien murió aquí fueron portugueses de verdad. Los portugueses que, a pesar de las retomas, siguen trabajando para que ni perros, entre otras cosas, puedan echarse una nadadita en el río, comer un helado en una playa fluvial, ir a bailar y comer en abundancia. Lo que se quema son los planes de nuestros emigrantes, la sonrisa del regreso que desmaya ante las llamas; se queman las casas pagadas con sudor, se queman las huertas que sirven a las comunidades, se queman los sueños de una vida a ahorrar.

Hablar de política ahora es lo mismo que hablar del Diablo que anduvo suelto. Supera el sentido común, la imaginación, los límites de la irresponsabilidad de comprobar que todo sigue más o menos en las mismas en un país que todos los años arde. Un país europeo, que entierra dinero en encuentros mundiales de start ups pero en el que mueren sesenta personas en un fuego.

Antonio Costa: su sonrisa y su compostura no llegan. Mejor sería remontarse a sus tiempos de Ministro de la Administración y revisar los planes concretos que le pasaron por la secretaria de gente valerosa que quería y sabía cómo minimizar o ayudar a controlar el problema.

Sr. Presidente de la República: Usted consuela como nadie y es probablemente la persona más completa e inteligente que ha asumido la Presidencia desde hace mucho. En sus viajes, en sus lecturas, va hasta Finlandia, hasta Suecia (que también son ahora rehenes de cambios climáticos muy diferentes de lo que era en el pasado), y observe –lleve un equipo de Protección Civil–, como la protección forestal funciona, como hay caminos y áreas que permiten el combate a las llamas y, en particular, cómo el territorio se organiza y se limpia.

Palabras, no nos faltan. A ninguno de nosotros. Nuestro dolor no tiene medida, pero ¿será nuestra impotencia pasible de cuantificar? Portugal está desnudo. Incrédulo. En shock. Pero también a la espera de que esta vez la culpa no muera soltera. Que se haga algo.

Que todo no sea otra vez en vano y que, en especial, cuando se gobierna, se gobierne para todos: para los que alegremente recorren las ciclovías por las zonas nobles de las ciudades, pero también para aquellos que tristemente perdieron sus vidas en las carreteras nacionales, de una ciudad que nunca más se sentirá segura entre los árboles que les daban sombra y ocio, ante la naturaleza que el hombre maltrata y que el fuego cruelmente desnuda.

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Fuente original: Jornal de Leiria

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