Clase Magistral·Traducciones

Opio, deseo o voluntad – (Clase Magistral)

Fernando Ribeiro, vocalista de Moonspell, fue uno de los invitados de honor por parte de la delegación portuguesa en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2018, en la que dio una clase magistral sobre la influencia de Fernando Pessoa en su formación académica y musical.

Para los asistentes que deseen recordar, y los no asistentes que deseen conocer el contenido de la clase, queda aquí el texto íntegro.

Clase magistral sobre Fernando Pessoa, por Fernando Ribeiro, Moonspell.

Fue en el salón de clases, en la escuela, que tuve contacto por primera vez, con las palabras mágicas de Pessoa y sus narrativas en verso. Antes de eso solo lo conocía de nombre. Otros poetas más comprometidos con el espíritu de la revolución que se había vivido hacia unas décadas (1974), como Ary dos Santos o Antonio Aleixo, tenían lugar en la pequena biblioteca en casa, pero el enamoramiento por la Poesía comenzó allí por la mano de la persona más importante de nuestro crecimiento, además de nuestros padres y familias: el profesor o profesora.

Me acuerdo de haberme quedado intrigado por la autora Sophia de Mello Breyner, que habíamos leído antes en clase, pero cuando llego el turno de Pessoa, fue como si hubiese llegado el headline de un concierto de rock.

Leímos Álvaro de Campos. “Oda Triunfal”, “Opiario” y “Tabaquería” me abrieron un mundo del que no sabría ser también lisboeta y portugués. Algo de urbano, gótico, profundo con la música que ya escuchaba y que intentaba hacer con la banda que iniciaba, con más empeño en esa época. La profesora (Natália Ferreira) hablaba del asombro del wonder en inglés y yo vivía esa experiencia allí en una escuela de los suburbios donde salía lodo de las fuentes en vez de agua. Mientras mis colegas divagaban entre nuestros problemas de adolescentes, yo encontraba allí, una marca de esa propia adolescencia.

De tal forma quedé tan impresionado que compré un libro usado de las poesías de este heterónimo y lo leí mucho. Tomé muchas notas, que se quedarían guardadas mientras otras ideas, más telúricas y folclóricas de lobos y vampiros, me pasaban por la cabeza y que Moonspell tan bien uniría con la música cuando lanzó el disco Wolfheart (1995), dando a conocer una portugalidad diferente, basada en el mito Lusitano, en el trabajo de Leite de Vasconcelos y en una identidad nacional más pagana, mística y primordial, como era encarnada en la canción Alma Mater.

Era este el Portugal del disco Wolfheart y de Moonspell, primer disco, pero ya no era mi Portugal. De inmediato, en una revuelta poética contra el tono naif de las letras del primer disco, me lancé a los libros y letras, recuperando a Pessoa, a las notas y arrancando con Baudelaire y con Crowley de las estanterías para mezclarlas en el caldero. Quería escribir sobre un Portugal más encajado en el mundo místico, de las esquinas dark en París, Londres, pero también en Lisboa, con ciudadanos que agonizasen en los viajes y en las ciudades, un mundo a donde pertenecen Kafka, Herman Hesse, Goethe, Süskind, Borges, Rimbaud y Pessoa

Con todo el respeto por la multiplicidad Pessoana, quien me ayudó más en aquel momento fue Álvaro de Campos y sus paisajes y delirios. Pessoa era el poeta que establecía la conexión nacional al submundo emocional de allá afuera, al spleen, al tedio, a las estrellas del cielo, pero también a los abismos de la tierra y de las ciudades. Las estrellas de Caeiro no eran las mismas que las de Campos y por ese mapa místico trazado por mi heterónimo preferido vine a descubrir a Pessoa, alquímico y lunar que tantas alegrías me vendría a dar de joven y después de adulto, este “creador de mitos” y mitógrafo, de pantomimas con Alesteir Crowley, “un cuarto lleno con innumerables espejos fantásticos que distorsionan reflejos falsos, una única anterior realidad que no está en ninguna, sino que está en todas”.

Mucho más que la mera cita en el tema Opium, la influencia del “degollado precursor” fue algo de generalización en el disco Irreligious que abre con la canción de Pessoa. La obra de Álvaro de Campos lanzaba aquella escalera entre valles inmensos y me permitía tener la esperanza de que mi Portugal era más que coplas rimadas, sonrisas y flores en las ventanas. La canción Opium marca la creación que se desenrolla con las otras piezas del disco, con otros autores e influencias, pero que le tocó a Pessoa guardar y dirigir.

Terminar el tema con una cita tan fuerte en portugués intraducible e iniciar el dilema eterno de los hombres entre el deseo y la voluntad, me permitió firmar un compromiso profundo con Pessoa, documentado en disco y en vivo, pero sobre todo por todas las otras lecturas que hice del poeta y que me llevaron al “Libro del Desasosiego” (el mejor significado para nuestra palabra saudade es desasosiego  y la mejor radiografía al alma jamás hecha a un portugués) de Bernardo Soares, al genio en el extranjero Alexander Search, a la ortónima “Mensaje” que hacía que me empeñara con el Pessoa Pessoa; así como todas las actividades que hice en la Casa Pessoa en Lisboa, entre otras apariciones, para hablar del poeta. Aquí en Guadalajara, México, llegó a un punto alto, a nivel personal y agradezco la invitación a la Feria y a la Secretaría de Estado de Cultura. Guadalajara, Jalisco, gracias por recibir a Portugal de brazos tan abiertos.

La canción Opium dio la vuelta al mundo y tal vez haya metido las palabras de Pessoa en muchos labios pintados de negro. Quien nos visita en Lisboa, no se olvida de Pessoa, ni del tema de Moonspell.

La canción fue número uno en los tops, en la radio, hit gótico de las discotecas alemanas, canción de lista de karaokes, censurada por MTV, objeto de queja en los tribunales alemanes. Hizo un viaje tan grande como el del personaje del poema, aunque separado de su nave nodriza “Opiario”. Algunas veces también mi vida me parece una ilusión, en medio de los humos del escenario, la rapidez de las horas y la máquina del tiempo que nos tritura los huesos, que nos expone al desasosiego y a su saudade permanente. Pero que también nos engaña como opio y nos hace crear algo que unió muchas almas perdidas, como nosotros, aquí en México, ahí en Europa y en todas las embajadas que hacemos como portugueses, inevitables lectores de las palabras de Fernando Pessoa.

Herederos de su desasosiego, de su multiplicidad, de su imagen, de su malestar, de la belleza de su mente. Fue una honra para mí compartir mi pequeña historia con el Reinventor de la Lengua Portuguesa, cuya obra y lectura que tanto ama al rocker, como a la señora de edad que se sienta en el café frente a nosotros y saca un pequeño volumen de Pessoa de su bolsa.
Traducción especial: Ana Zúñiga a.k.a Ana Boa-Morte para la Clase Magistral
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Foto: Pedro Paixão
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