Lobo Portugués·Traducciones

Homo Bulla Est

Con mucha sorpresa recibimos una nueva entrada en el blog de Fernando, mismo que él decidió cerrar hace algunos meses. He aquí lo que el Lobo Portugués tiene para compartir con sus lectores.


Siempre me gustó debatir ideas.

Mucho de los momentos felices de mi vida fueron aprendiendo y profundizando sobre hechos y teorías, sin importar que fueran correctas o no. Siempre enfocado en el progreso de nuestras habilidades blandas*, si es que fuiste un estudiante de humanidades como yo.

Hoy suena estúpido decir que las cosas han cambiado. En todo caso, sería más necio enunciar lo obvio e intentar mirar cuanto ha cambiado la gente también, en respuesta a las rápidas dinámicas que han dejado huella en la humanidad desde la Revolución Industrial y, después de las guerras, dos “hacedores” que saltaron a mi mente antes de añadir un tercer elemento de disrupción, el cuál es el internet.

Tan lejos como va el elemento psicológico, el calendario de proximidad social en línea es demasiado ajustado para que nosotros hagamos cualquier razonamiento que valga la pena ahora. No tenemos más opción que hablar sobre lo efímero puesto que verdaderamente no tenemos un objeto social que poner sobre la mesa para analizar. Cuando se trata de las guerras y vastas consecuencias abiertas por la Revolución industrial en su tiempo, ha habido mucho progreso desde entonces, como casi la totalidad de Europa ha conseguido disfrutar, desde el fin de la guerra en 1945, no solo es un periodo de paz y prosperidad ─que está enfrentando nuevas amenazas─, sino que también es una reconciliación con el pasado. Como sea, debido a la crisis migratoria, las consecuencias del capitalismo federal de la Unión Europea y, por supuesto, el amargo sentimiento de las expectativas no logradas (que son un vínculo considerable entre los más pequeños y problemáticos países fuera de la Europa central o norte), la Europa federal ahora se sitúa en un área gris, agonizando y pataleando.

Si nos permitimos ser lo suficientemente cínicos para pasar por alto las guerras por la superioridad moral, libradas por los Estados Unidos para aplastar al Comunismo ─su meta más palpable desde 1950─ o lo suficientemente generosos para creer en los tigres de papel como Rusia y Corea del Norte; encontraremos que el compromiso del que hablo funcionó en la mayor parte del mundo, particularmente en una “Europa unida”, sin tener en cuenta el hecho de que todos luchamos contra todos al menos un par de veces en nuestra historia como continente.

Con la agenda política cerrada de mente por la economía y el cambio climático, problemas reales como el hambre (en África, sobre todo, pero también fuera, como si los “microclimas” más inesperados, como Silicon Valley, por ejemplo) y la educación han sido dejadas hasta atrás en la lista de quehaceres de los poderosos. Los niños todavía mueren de desnutrición mientras observan proyectos multimillonarios de energía solar ser priorizados en las decisiones de sus propios líderes, corrupción pululando por donde sea que una decisión política necesita ser tomada.

Cuando se nos otorgó el fuego del internet, repetimos los errores de nuestros padres y lo convertimos este nuevo obsequio divino en un cementerio social. Los gurús en línea sellaron los pactos que los maldijeron en una eterna lucha por la ética y la moral, tan incendiario como los fuegos que padeció California en 2018. Ambas bestias reclamaron muchas vidas y futuros.

Yendo aún más lejos, nos hemos dejado ir en un profundo cambio de personalidad e invertimos en la creación de una habilidosa personalidad en línea: Un montaje bien ensamblado de categorías, que lleva nuestras propias expectativas más lejos de lo que nuestro verdadero alentó permite. Nada nuevo si piensas bien sobre ello: La popularidad siempre ha sido la medida predilecta para llenar lo que hace falta en la taza, añadiendo a la mezcla un poco de talento, suerte, oportunidad y oportunismo. Hemos perdido el camino para construirnos como personajes verdaderamente independientes y de criterio propio, hemos tomado nuestras fotos más eróticas e intrigantes mientras parloteamos sin reparar en absoluto por otra cosa que nuestros rumores y posturas moralmente superiores fruto del copy-paste.

Todo este menosprecio hacia otros no es más que un esquema de intimidación, construido por personas que duermen con la luz prendida en la noche en espera de ser cogidos con las manos en la masa en su propia mediocridad. Cuando se comprueba que uno se equivoca, podemos ofendernos y eso se propaga como una mancha que corrompe todos los vanos, pero laboriosos, elogios que un artista modesto puede conjurar en línea. Por lo tanto, presentamos con normalidad berrinches, críticas y desechos tóxicos como nuestro caso.

Como una manipulación genética innata, nos debatimos entre ser vengativos ante lo que sucede a nuestro alrededor, pero brincamos de inmediato a defender o atacar cuando surgen algunos de los problemas que nos dividen, normalmente, problemas del primer mundo fuera de control, individualizados y empacados por el amaneramiento del debate más suave.

En el orden de las cosas y el tiempo hemos contribuido, por ejemplo, al crecimiento sin medida del amor animal, dietas alternativas, llamadas a la protesta por lo que es justo o no, pero también hemos cambiado la manera en que procesamos nuestra propia autoestima, mostrando procurando y observando el intercambio de miembros, senos y culos por toda la jungla salvaje. Guiados por una cierta omnisciencia engañosa, típica de los viajeros que pueden estar cientos de veces en un lugar y, aun así, no saber nada de él, nos atrevemos a sentirnos más especiales que nunca. Solo hay que sopesar el gran número de  exitosos modelos, artistas, cineastas, escritores, músicos, o cualquier profesión que no requiera más certificación que el talento, en las plataformas sociales para concluir cómo estalla el mundo por esta gente especial que reclama la cumbre de la evolución.

Si nuestro primer instinto ha sido programado para sobrevivir, la autoestima está ganando su posición como la segunda cosa en la que más debemos invertir como especie humana. Homo Bulla Est**.

La discusión, como se muestra en la Historia de las Ideas, ha sido siempre el enriquecimiento, no siempre pacífico u organizado. Incluso los pocos “elegidos” que ardieron en la pira pueden descansar en cenizas ante un mundo que, de forma lenta pero segura, acogió teorías y direcciones que lo hicieron mejor (al menos para algunos y desafortunadamente, no para todos). Hoy en día, tal como lo percibe la intrincada red de noticias falsas que pueden mostrar rumores y mentiras a una velocidad absurda, el valor de una discusión se basa mucho en quién grita más fuerte o quién escribe más rápido, o más enfadado. En realidad, las condiciones ideales para las campañas de difamación son mucho más una labor de predisposición psicológica de un usuario que la obra maestra de algún gurú de internet que no era más que lo suficientemente listo como para descifrar un hecho muy simple: Lo que aparece en línea primero es lo que acaba adherido a la memoria colectiva.

También se puede culpar a la prensa por esa predisposición colectiva. Solo hay que buscar el aviso de errata para averiguar qué tan pequeño es uno comparado con el tamaño de la pieza que lo generó. El tamaño de la compensación es directamente proporcional al tamaño del bolsillo, que puede comprar un anuncio de periódico completo para imprimir un aviso escrito mal diseñado y con una jerga de abogados que fallará en su intención y alcance, en comparación con la pieza que desprecia. En línea, no hay simpatía por erratas.

En la actualidad nadie se siente más enriquecido como atacado en una discusión. El conocimiento que hemos apilado en línea nos hace moralistas defensivos a todos. El valor de la moral esta lejos, muy lejos de las nociones kantianas. Actualmente es lo opuesto a una acción desinteresada, traída en conjunto por la razón y, como tal, libre de expectativa, interés y alérgica al deseo esperanzador.

Discutimos, juzgamos, ocultamos, nos ponemos emocionales por cosas que tan solo nos dan una gratificación inmediata. Cuando lloramos a los muertos en línea. Cuando apuntamos y juzgamos a alguien que se suicidó. Cuando apoyamos a un “amigo” que perdió el control y atacó las libertades que defendemos en línea, tenemos poco más en nuestra mente que nuestros propios sentimientos y recompensas de una proximidad tan “entrañable y sincera”, la triste cosificación del cambio.

Cuando el tono del debate es establecido por esas preocupaciones, cuando la gente se rinde al leer los hechos y se detiene a filtrarlos con sus propias herramienta intelectuales, mismas que el hombre siempre usó cuando tuvo que hacer la guerra o traer agua a los desiertos; realmente llegamos a un tiempo en que todos trabajamos demasiado en algo que inevitablemente caerá ante nuestras propias expectativas, que son más grandes que nuestras vidas.

Es imposible para cualquiera defender el feminismo y hacer frente a la confusión entre la víctima y el violador. Es imposible enraizar la igualdad de derechos en línea y tener la lógica de un subordinado en la vida real. Es imposible presumir y tratar de ser modesto y cuidadoso que se recibe. Incluso lo es atreverse a pensar que no hay nada de malo en llenar las vidas de personas con asura viral, con momentos “juntos”, donde los artistas se jactan y se sienten amados por lo que hacen, lo que tienen, lo que comen y lo que tocan, siendo insensibles al hecho de que la persona que los mira puede no sentir otra cosa más que el vacío de una vida sin familia. Las colecciones solitarias e inmaculadas de juguetes que los niños nunca tocarán o jugarán con ellos. Los perros y gatos bonitos que, sin otro mérito o pista más allá de ser lindos son más queridos que muchas personas. Esa terrible consciencia sobre nosotros mismos de que somos mejores que aquellos que nos observan es un veneno tóxico. Aquellos que absorben peligrosamente nuestra nueva esencia a través de los miles de leds que nos (des)conectan, están condenados a ser nada más que las aguas quebrantadas de los numerosos narcisistas que ahora controlan nuestra vidas.

Flos novus, et verna fragrans argenteus aura /Marcescit subito, perit, ali, perit illa venustas. / Sic et vita hominum iam nunc nascentibus, cheu, / Instar abit bullas vanitas elapsa vaporis


Glosario metalero:

* A diferencias de las habilidades duras, aquellas relacionadas con el conocimiento académico, las habilidades blandas tienen que ver con la puesta en práctica integrada de aptitudes, rasgos de personalidad, conocimientos y valores adquiridos.

** Frase en latín cuyo significado literal es “el hombre es como una burbuja”, referida a la fragilidad y lo efímero de la vida humana.

Fuente original: The Portuguese Wolf

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